Filantrofobia

Bien puede decirse que la vida es un episodio que viene a perturbar inútilmente la sagrada paz de la nada

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El yo en el tiempo

Posted by filantrofobia at 04:05 PM on March 24, 2009

Conforme avanzan los artículos no hacen otra cosa que suscitar nuevas preguntas en mayor cantidad que aquellas a las que intentan dar respuesta. Si hemos podido convenir que estas letras son negras, es decir: si el estímulo que este objeto nos suscita es en todos semejante, o al menos, una vez expresado el estímulo mediante el lenguaje se realiza su explicitación gracias a palabras similares las de unos a las de otros, será en virtud de cierta semejanza común a todos los individuos; pues, no podía ser de otra forma que si se nos manifiesta una semejanza en el comportamiento ésta sea fiel reflejo de una semejanza más profunda y que imprime, la semejanza, que es propiamente suya al comportamiento. De tal modo que el yo guarda algo en común con el resto de entidades que lo rodean. Lo que se constata también en el hecho de que unas entidades le sean más ajenas a otras, pues cómo podría ser esto si no por el hecho de que guarda mayor similitud con respecto a otro hombre que con respecto a un perro. Ahora bien, soy capaz de distinguir mi yo pues pese a las similitudes siempre encuentro diferencias, y de las que no encuentro diferencias las digo ser identidad. Así es como, aún siendo yo en muchos, soy sólo en uno: pues sólo como uno podría reconocerme, pues si cien cosas idénticas por ser idénticas son a mí una sola, pues no logro discernir que las hace ser cien y no una. De modo que, si mi yo fuera parte de un todo, cómo es que lo distingo?? Por ser el resto de partes diferentes, se dirá. Y, si fueran iguales, no hablaríamos ya de partes, sino un único todo indivisible. Si bien, lo que puedo dividir sin problemas son las etapas de mi yo, o al menos, recordando los sucesos que me han acontecido puedo recordar mi actuación ante tales sucesos y mi experiencia de ellos y, ante tal información, determinar si lo sentido antaño se corresponde a lo sentido ahora. Dado que puedo practicar tal división es posible decir que en el tiempo se dan varios yoes, aunque si bien, siempre encuentro entre ellos una línea evolutiva que me conduce hasta mi yo actual y escasos son los momentos en que no me reconozco. Pero, esto es así gracias a la memoria, la cual me permite recordar que, pese a que yo no sienta ya así, sí sentía antes como tal.

Si alguien pudiera manipular mis recuerdos e introducir en ellos información falsa no habría forma de que yo me percatara de tal falsedad, habiendo por tanto olvidado mi yo pasado sustituyéndolo por un yo que creyendo pasado hay quien sabe, aquel o aquello que mis recuerdos manipuló, falso. Pero mi creencia está arraigada en mi de tal forma que aquel yo falso es ya mi yo pasado y, presentándose mi verdadero yo pasado diría sin problemas tratarse de una burda mentira. Sin embargo, aquel hilo con que ensartamos nuestros recuerdos seguiría presentando la coherencia de antes?? Habrá quien, indudablemente, se manifiesta abiertamente conforme con la afirmación de esta suposición dando por tanto a entender que el hilo como tal no existe, y lo que existe es algo así como una panorámica de recuerdos que, por el mero hecho de ser nuestros recuerdos, de estar dentro de nosotros y pertenecernos, consideramos lógicos y escasa duda consentimos en oponer a riesgo de ser tomados por locos. Locos son, en cambio, quienes sí creen en hilo tal que hile todos nuestros recuerdos como en una narración, y buenas razones tienen para objetar, puesto que es bien claro que mi yo actual no sería el que es si no hubiera sido el que fue; demostrándose así que los recuerdos de mis experiencias son recuerdos no de un yo pasado, sino de un yo continuado al cual se le han ido engarzando ciertas experiencias importantes que han contribuido a construir mi yo actual. Sin embargo, creo yo (mi yo actual) que esta última afirmación adolece de un defecto y es que la unidad suele ser mínima, por ejemplo, entre mi yo de seis años y mi yo de sesenta. Pero, nuevamente, la unidad de la construcción es la construcción misma y el argumento, tan claro pero confuso, explicativo como ininteligible, de aquel que a nosotros mismos ofrecemos cuando empleamos palabras tales como yo, mi, mío, de mi, para mí, a mi… Pues, se hace evidente que somos lo que somos, pero no el motivo significativo, de haberlo, que nos evidencie el por qué somos lo que somos. Y, así como se nos hace evidente la distinción entre yo y el ellos, dicen que se nos debe de hacer evidente el hecho de que somos lo que somos siempre; pero, nada sabemos acerca de qué somos.

Caso paradigmático es aquel de quienes sufren de algún desorden disociativo de la personalidad. Aquí prevalece la idea de empatizar y, de algún modo, poder comprender algo cuya comprensión no requiere explicación, sino experimentación. Difícil es acercarse a la vaga idea de quien en sí padece el dolor de varios, incluso para aquel que sufre tal trastorno psicológico es evidente que cuando es X no es las restantes personalidades, y en tal medida incluso él escapa, de no ser por el reflejo con que otros lo miran, a su propia interioridad. Esta sucesión de yoes evidencia lo dicho hasta este momento: nosotros somos correlato del mundo. Ser yo implica ser todo aquello que soy, así como cuando digo, compadeciéndome del desafortunado, tengo suerte de no haber nacido con síndrome de down, asumo que yo podría ser yo incluso padeciendo síndrome de down, pero ya vimos a este respecto lo infértil de la argumentación, pues siendo yo se es todo aquello que significa ser yo, incluido el no padecer síndrome de down (una de las notas más característica de nuestro yo). A esto llamamos propiedades y dijimos que el yo no era otra cosa que el conjunto de propiedades. Ahora bien, estas propiedades no son únicas a nosotros sino que se relacionan con el mundo. Aquella sucesión de yoes de la que hablábamos es también la sucesión de mundos en que habitamos: lo que ahora soy es por un lado herencia de lo que fui, testimonio de lo que seré, pero siempre testigo de lo que acontece a mí alrededor. Es paradigmático como las personalidades se suceden y como todos padecemos cierto trastorno: unos los de establecer unidad allí donde no la hay, otros los que son incapaces de hallar unidad en su propia interioridad y se revelan al mundo como un compendio de yoes habitantes de un mismo cuerpo, pero incapaces de sentir lo mismo. Aquí es donde con mayor holgura se presenta el problema bosquejado hasta el momento y donde se requiere, para darle respuesta, primeramente de una teoría capaz de presentarnos nuestro yo; porque sólo así nuestro pensamiento será útil, una vez hayamos comprendido que el pensamiento es también correlato de nuestro yo, que se presenta no como un apéndice extirpable en libros cuya lectura se hará siglos después, sino como una prolongación de nuestro presente sólo útil para nosotros, en tanto que yo sólo hay uno y el acercamiento que hagan los otros se realizará de soslayo, tomando precauciones, cotejando lo dicho con lo vivido y contaminando, al fin y al cabo, el ideolecto del hablante, trasfigurando su lenguaje para adaptarlo al propio.

Categories: Egoísmo, Tiempo

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