Filantrofobia

Bien puede decirse que la vida es un episodio que viene a perturbar inútilmente la sagrada paz de la nada

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De los prejuicios como prejuicios

Posted by filantrofobia at 06:24 PM on March 29, 2009

Desde el principio decidimos que toda disertación debía partir, para que el análisis fuera lo más riguroso posible, desde cero; para ello convenimos que lo mejor era evitar caer en prejuicios, esto es: aducir al pensamiento de terceros como falacia de autoridad. Sin embargo, el hecho de tratar de evitar los prejuicios es en sí mismo un prejuicio y en ningún momento hemos analizado las ventajas que proporciona tal método, y más aún, si es factible. Aparte, partimos de antemano de un lenguaje en el cual ya están presentes gran parte de los prejuicios que nos disponíamos a evitar.


Lo primero y más necesario hubiera sido dar una definición exacta del lenguaje (terminología) a usar. Evidentemente del transcurso de estas disertaciones se han desprendido varias definiciones para una misma palabra, especialmente para aquellas cuyo uso recaba un amplio espectro de referentes y lo hace ser más dudoso (no por ello más ambiguo); tal es el caso de sustancia que según haya sido usado para hablar del lenguaje ha funcionado como sinónimo de sujeto, en metafísica de ente e incluso, apurando las circunstancias, de esencia en el sentido de que sobre ella descansan las propiedades. Es este uno de los prejuicios lingüísticos al que trataba de referirme con anterioridad, puesto que hablar de esencia es hablar de accidente y hablar de sustancia es hablar de propiedades, tal dicotomía está tan sumamente arraigada en nuestra cultura que difícilmente podemos desprendernos de ella pese a los esfuerzos de la postmodernidad. Esta alusión a la postmodernidad, nuevamente, reivindica la necesidad de caer en determinados prejuicios, y se verá más claramente conforme hayamos demostrado que en nuestro análisis hemos caído en idénticos perjuicios llegando a idénticas conclusiones. Nuevamente, aquí la palabra idéntico no tiene un cariz filosófico, sino usual.


Revisando las disertaciones anteriores se llega a la conclusión de que en muchos aspectos es imposible dar una solución al problema planteado, lo cual hace dudar de que el planteamiento del problema sea el correcto. Este planteamiento, de algún modo, viene suscitado por el lenguaje, dado que la dicotomía queda impresa en nuestra manera de pensar. Probablemente desprendernos de ella sea la mejor opción, y en gran medida esa es la respuesta por la que he apostado, de manera sutil, en los últimos artículos. Pues bien, si revisamos los primeros artículos encontraremos una línea argumental tal que comienza hablando de la libertad e, indefectiblemente, surge la dicotomía libre albedrío/determinismo. Conforme la disertación avanza esto deriva a tratar el problema de las propiedades y de su necesidad en el yo, de tal forma que si convenimos que las propiedades son del todo necesarias habremos de decantarnos por el determinismo y viceversa, postulándose aquí una segunda dicotomía: necesidad/contingencia. Nuevamente se presenta la incapacidad de dar una respuesta, por lo que abandonamos la discusión para centrarnos en la discernibilidad de las sustancias conviniendo que son las propiedades las que nos permiten distinguir diferentes entes individuales, por consiguiente: las propiedades individúan, al menos esa es la primera respuesta que se da al problema de la individuación, y para ello se requiere una tercera dicotomía: sustancia/propiedades, siendo la sustancia lo necesario y las propiedades lo accidental. En la cuarta disertación se demostró que la existencia no era una propiedad del ente y, por consiguiente, no debía ser un predicable lingüístico (tesis desinflaccionista). Esto es lo que llamaré problema de la existencia y que, a mi entender, surge por el mal uso que se ha hecho del verbo sum (filosofía latina, Medievo), usándose tanto como existencial, copulativo, estar etc. No obstante, podemos desprender una nueva dicotomía tal que así: existencia/inexistencia. Las dos siguientes disertaciones tratan acerca del lenguaje ampliando un poco lo dicho anteriormente con la incursión de la temporalidad como propiedad, surgiendo entonces varias nuevas dicotomías: espacial/aespacial, temporal/atemporal y, por consiguiente, entes que son espacio-temporales y entes, como los números, aespacio-atemporales. La dicotomía entre estos dos entes no queda perfectamente delimitada, sino que a lo que se procede es a tratar de dilucidar cómo diferenciamos un ente aespacio-atemporales, aduciendo a las reglas pronunciadas por Peano y, consiguientemente, violando una de las reglas filantrófobas. El siguiente artículo trató acerca de si debía de haber alguna propiedad necesaria que caracterizara a la sustancia o que nos permitiera prescindir de la sustancia o determinar que la sustancia, entendida como tal, son sólo esas propiedades comunes a todo ente. Ello derivó a hablar acerca de la posibilidad de que hubiera propiedades que inherieran en propiedades y no directamente en la sustancia, esto es, propiedades que no deban decirse de la sustancia, sino de una propiedad de ésta. Avanzando un poco más decidí abordar el tema de las operaciones básicas con que trabaja nuestro pensar lo cual se engarza con lo anterior tanto en el plano epistemológico, comprensión, como lingüístico, dando lugar a una diferenciación entre lenguajes naturales y formales y entre codificar y decodificar. Los dos siguientes artículos se  centraron, nuevamente, en el lenguaje tratando de responder a la pregunta: qué es antes, lenguaje o mundo?? Y por consiguiente, qué determina a qué. Lo que nos lleva a la pregunta de si las palabras se han impuesto siguiendo una determinada necesidad o si, por el contrario, su imposición ha resultado azarosa. En estas últimas disertaciones se aprecia la ruptura con la dicotomía y en vez de radicalizar el mensaje lo que se pretende es relativizarlo, así pues se concluye que lenguaje y mundo están tan íntimamente relacionados que no hay un antes y un después propiamente dicho (dicotomía antes/después). Con esta ruptura tiene lugar un renovarse de la argumentación, así se sigue un artículo acerca del problema de la intersubjetividad, que en el fondo es muy similar al segundo pues de lo que trata es acerca de las propiedades del Yo, pero a diferencia de éste no parte de la dicotomía necesario/contingente. No obstante, sí que perfila una nueva dicotomía que ha ido de manera paulatina abriéndose paso a lo largo de todas las disertaciones, dado que en gran medida todas trataban de una manera u otra el problema de la intersubjetividad; tal dicotomía es la de yo/otros, o mío/ajeno y se enuncia en este caso aplicando el principio de subjetividad (dicotomía objetivo/subjetivo) de las sensaciones. En este artículo se cita a Descartes. Como es natural, una vez hemos hablado de los sentidos hemos de hablar del perspectivismo, pues a no ser que destruyamos la dicotomía objetivo/subjetivo el mundo se nos presenta no como una totalidad, sino como partes (dicotomía todo/parte y problema de la mereología) y concluye, como era de esperar, perspectivizando el lenguaje: los ideolectos. No obstante, abro paréntesis para mencionar que el perspectivismo, como tal, es una corriente fenomenológica impulsada por Husserl y culminada por Ortega, aunque en estos últimos años haya habido filósofos que hayan avanzado en esta dirección. Por último, el artículo anterior a este trató de las descripciones, o lo que es lo mismo: el problema de caracterización o definición, engarzando de nuevo con todo lo visto anteriormente puesto que habla acerca de las propiedades del yo y de su explicitación en el lenguaje, por lo que previamente ha tenido lugar una comprensión del individual. Creo que, efectivamente, se puede ver cómo los últimos artículos se relacionan de manera unidireccional con los primeros. Cómo se trata una misma problemática desde varios puntos de vista diferentes (perspectivas). Por ejemplo, el problema de la libertad es un problema que no recae estrictamente sobre ningún ámbito, sino que determina muchos otros y para dar respuesta a este problema partimos de una cuestión ontológica aplicada a un ente determinado, el yo, y por contigüidad se aplica más tarde al resto. Lo que se ve claramente es como una buena ontología determina el resto del pensamiento, esto ha sido crucial en la historia del pensamiento universal como se verá más adelante. La discernibilidad es un problema epistemológico, de alguna manera ontología y epistemología comparten gran parte de su ámbito discursivo, y una puede determinar a la otra. Más tarde lo que se hace es, propiamente dicho, una burda filosofía del lenguaje, lingüística si se quiere (y si no denosta en demasía el término). Se ve claramente cómo la filosofía queda reducida a filosofía del lenguaje, digamos que igual que en física culminó la física cuántica como un estudio de cómo las herramientas de medida influían en el objeto medido, así la filosofía termina siendo un estudio de las herramientas de discusión que influyen en el discurso (De lo que no se puede hablar hay que callar). Bien, este es un primer paso, porque lo que viene a continuación es, justamente, un retorno a la ontología donde el lector podrá apreciar el momento crucial al que me refería anteriormente: si en la Grecia clásica partíamos de una dicotomía indiscutible: esencia/accidente, en la modernidad lo que tuvo lugar es justamente una ruptura, por ejemplo, las propiedades necesarias que traté son, en gran medida, las cualidades primarias de Locke (y muchos otros como Descartes o Newton), pero la cosa no se queda ahí, sino que éste es tan sólo un primer paso puesto que más tarde la sustancia sería negada con la irrupción en el terreno filosófico del coleccionismo que toma como máximo representante a Hume. Compruébese que estoy citando nombres y estoy refiriéndome al pensamiento de terceros, aunque me refiera a ellos no antes de comenzar mi discurso, sino una vez concluido éste. Pues bien, ni que decir tiene que el tema de las propiedades de propiedades también tiene su correlato en la filosofía, especialmente en la filosofía medieval (pero esto no es tan interesante). Las operaciones mentales, nuevo retorno al tema epistemológico e, incluso, una incipiente psicología, es por un lado similar al trabajo de Locke, y por el otro un nuevo acercamiento al lenguaje aunque desde un punto psicológico, pero no obstante, trata de encontrar aquello tal que determina nuestro pensar y por consiguiente el mundo, tema este espinoso y de tradición moderna, pues parte justamente de la idea de que la física debe atenerse a nuestra razón (con los problemas ecológicos que suscita), véase a este respecto lo dicho por Kant en la introducción a su Crítica de la Razón Pura que es preludio de lo que acabaría por ser nuestra realidad (y hablamos ya aquí, en la postmodernidad, de realidad como algo dado, un fenómeno sensible y por tanto subjetivo). Lo que dice Kant es justamente una respuesta a la física de Galileo, que se apoya en la de Copérnico. Galileo será el primero que realice experimentos en condiciones ideales, es decir, que modifique la naturaleza para demostrar su teoría física, y no como venía siendo costumbre que la teoría física era sólo una mera observación de la naturaleza. Lo que tiene lugar, por consiguiente, es una irrupción de la matemática. La matematización de la física determinará, por consiguiente, que ya no se hable de propiedades, sino de relaciones (el lenguaje matemático es un lenguaje de relaciones, como se puede ver claramente expresado en el siguiente ejemplo: 2/3 = df xy (x y y son números naturales, y vale que 3x = 2y)). Pero justamente se determina por que el mundo ya no se habla en lenguaje natural, sino en lenguaje matemático (formal). Por ello luego se habla de lenguaje y mundo, qué lenguaje necesitamos para comprender el mundo?? Esa es la pregunta. Necesitamos un lenguaje que se ajuste al mundo, pero, hay lenguajes necesarios?? Somos nosotros los que necesitamos de un lenguaje para comprender el mundo, dado que el mundo no necesita hacerse comprender. Pues bien, sin duda el problema epistemológico ha terminado por confundirse con el problema ontológico, y todo se reduce entonces a la máxima relativización: ideolectos, con la implicación que tiene, dado que en gran medida niega la objetividad, no puede negarla completamente puesto que la comprensión del mundo se ampara en un lenguaje matemático, pero no obstante, sí puede, como hizo Gödel, demostrar su falibilidad, esto es: las matemáticas son un sistema inconsistente (Ningún sistema consistente se puede usar para demostrarse a sí mismo). Esto es perfecto, porque en pleno siglo XX ha irrumpido un resquicio de esperanza para los postmodernos que llamaré irrealistas a falta de un nombre más apropiado (ellos son su propio resquicio de esperanza, pues qué fue antes??). Postmodernos irrealistas son entonces quienes, como nosotros, se plantean este problema y tratan de darle una solución modificando la base ontológico-epistemológica en la que se asienta, ruptura con la tradición realista. Esto se ve claramente de la siguiente manera, una vez hemos determinado que todo es en mayoría subjetivo, la verdad misma será subjetiva, y el principio aristotélico según el cual verdad era justamente aquello que concordaba con la realidad se rompe, qué es entonces verdad?? La verdad y la falsedad son sólo propiedades (sustancia), predicados (sujeto), del enunciado. En filosofía del lenguaje ha tenido recientemente lugar una revolución, de manos de Austin, según la cual, para no extenderme demasiado, jugando con su título, nosotros hacemos cosas con palabras, es decir, jurar no es tan sólo el hecho de pronunciar una determinada oración (o sí), sino que al pronunciar esa determinada oración estamos jurando; casarse consiste en decir ?sí quiero? cuando nos encontramos en el altar enfrente del cura y éste nos pregunta si aceptamos como? Abro este paréntesis para mostrar cómo la filosofía del lenguaje, que antaño sólo estudiaba los enunciados o juicios en terminología kantiana, estudia ahora abiertamente todo tipo de proferencia. Es claro que esto tiene lugar por una ruptura con respecto al concepto Verdad. Para Frege, por ejemplo, ?estamos obligados, así, a reconocer el valor de verdad de una proposición como su significado. Por valor de verdad de una proposición entiendo la circunstancia de que ella sea verdadera o falsa. No hay otros valores de verdad?. Tarski, en su artículo La Concepción Semántica de la Verdad, propone que toda teoría de verdad no es otra cosa que una teoría semántica, de tal forma que la verdad de un enunciado no es otra cosa que su significado. El Círculo de Viena, y entre ellos Carnap, entienden la verdad como un simple proceso de verificación. Brouwer quiso introducir un tercer elemento en la dicotomía: verdadero, falso e intermedio. Para Davison, por ejemplo, decir que la mayoría de nuestras creencias deben ser verdaderas no es decir que la mayoría de nuestras creencias están bien adecuadas a la tarea de captar la realidad, sino que la mayoría de las creencias de cualquiera deben coincidir con la mayoría de nuestras creencias. Rorty, citando a Sartre, da esta definición de verdad: ?mañana, después de mi muerte, algunos hombres pueden decidir establecer el fascismo, y los demás pueden ser lo bastante cobardes y débiles para dejarles hacer; en ese momento, el fascismo será la verdad humana, y tanto peor para nosotros.? Sartre no debería haber dicho que el fascismo será la verdad humana. No existe tal cosa. Lo que debería haber dicho es que la verdad (sobre ciertos asuntos muy importantes, como a quién se puede matar y cuándo) podría olvidarse, volverse invisible, perderse: y tanto peor para nosotros. Nosotros no significa aquí nosotros los humanos (porque los nazis también son humanos). Significa algo así como nosotros los tolerantes y tibios liberales. Hilary Putnam, el más importante de los filósofos contemporáneos que se denominan a sí mismos pragmatistas, ha dicho: un enunciado es verdadero respecto de una situación sólo en el caso de que sea correcto usar así las palabras de que consta para describir la situación. Y las palabras, añado yo, como todos sabemos, son una convención social.


La dicotomía verdad/falsedad es seguramente, sin que por ello deba entenderse un atrevimiento imprudente, la más importante de las dicotomías filosóficas. Atacar tal dicotomía no sólo supone un atentado contra la tradición misma, sino contra todos los preceptos tenidos hasta entonces como verdaderos. Pero no nos vayamos por las ramas, puede comprobarse como, entre estos pocos autores que he citado, existe una evolución lógica; ahora lo que nos interesa es saber qué nos toca decir a nosotros, esto es: qué viene después en la evolución (luego fue antes el pensamiento). Para ello retrocedamos y pensemos acerca de lo ya dicho en artículos anteriores. Se habló, en principio, de esencia y de accidentes, sustancia y propiedades etcétera etcétera, para que después todo ello desembocara en un relativismo según el cual no tenía sentido hacer tales distinciones, o si lo tenía, era un sentido subjetivo y sólo valido en virtud de la utilidad que aquella persona determinada pudiera extraer. Pues bien, para avanzar un poco más voy a citar a Nagel (The View from Nowhere) y con ello abriré un nuevo camino discursivo: las fuentes de la filosofía son preverbales, y a menudo preculturales, y una de sus tareas más difíciles consiste en expresar en el lenguaje, sin perderlos, problemas que carecen de forma pero que se sienten intuitivamente. Si atendemos a tal idea entonces una de dos, o toda la filosofía está determinada o bien, lo que atañe a la filosofía son sólo un número muy reducido de problemas que se han ido repitiendo a lo largo de la historia, tales como el de la esencia. En tal caso la filosofía es sólo metafísica?? Sin embargo, como bien apunta Rorty en Verdad y Progreso tal tesis rompe de lleno con la idea wittgensteiniana de acuerdo con la cual los límites del lenguaje son los límites del pensamiento (proposición 5.6 del Tractatus: Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo.). Más aún, siguiendo a Wittgenstein: 5.67 La lógica llena el mundo; los límites del mundo son también sus límites. Nosotros no podemos, pues, decir en lógica: en el mundo hay esto y lo de más allá; aquello y lo otro, no. Esto parece, aparentemente, presuponer que excluimos ciertas posibilidades, lo que no puede ser, pues, de lo contrario, la lógica saldría de los límites del mundo; esto es, siempre que pudiese considerar igualmente estos límites también desde el otro lado. Lo que no podemos pensar no podemos pensarlo. Tampoco, pues, podemos decir lo que no podemos pensar. 5.62 Esta observación da la clave para decidir acerca de la cuestión de cuanto haya de verdad en el solipsismo. En realidad, lo que el solipsismo significa es totalmente correcto; sólo que no puede decirse, sino mostrarse. Que el mundo es mi mundo, se muestra en que los límites del lenguaje (el lenguaje que yo sólo entiendo) significan los límites de mi mundo. (Nótese que hasta este punto se ha hablado de mí mundo, mí lenguaje.) 6.41 El sentido del mundo debe quedar fuera del mundo. En el mundo todo es como es y sucede como sucede: en él no hay ningún valor, y aunque lo hubiese no tendría ningún valor. Si hay un valor que tenga valor, debe quedar fuera de todo lo que ocurre y de todo ser-así. Pues todo lo que ocurre y todo ser-así son casuales. Lo que lo hace no casual no puede quedar en el mundo, pues de otro modo sería a su vez casual. Debe quedar fuera del mundo. Con respecto a la verdad Wittgenstein dirá: 3.01 La totalidad de los pensamientos verdaderos es una figura del mundo. 5.471 La forma general de la proposición es la esencia de la proposición. 5.4711 Dar la esencia de la proposición significa dar la esencia de toda descripción; o sea, la esencia del mundo. Por consiguiente, Wittgenstein sentencia su conocida tesis: 4.113 La filosofía delimita el campo disputable de las ciencias naturales. 4.114 Debe delimitar lo pensable y con ello lo impensable. Debe delimitar lo impensable desde el centro de lo pensable. 4.115 Significará lo indecible presentando claramente lo decible. 4.116 Todo aquello que puede ser pensado, puede ser pensado claramente. Todo aquello que puede ser expresado, puede ser expresado claramente. Para finalizar debemos decir que es lo que Wittgenstein entiende por ciencias naturales: 6.371 A la base de toda la moderna concepción del mundo está la ilusión de que las llamadas leyes naturales sean la explicación de los fenómenos naturales. Las ciencias naturales son una forma de describir el mundo, pero ninguna puede captar el ser del mundo. Para Nagel, obviamente hay cosas que es posible pensar, pero imposible expresar. Ni que decir tiene que hasta el momento mi pensamiento se subscribe al de Wittgenstein, pero siempre es agradable suscitar el interés por otros pensamientos diametralmente opuestos a los que defendemos.


Se ha hablado de mi mundo, mi lenguaje, de que la verdad no existe etc. Y si se habla de ello es justamente porque el pensamiento lo requiere, el pensamiento no es una unidad hermética, sino un conjunto de ideas disgregadas a las que nosotros tratamos de dar una forma sólida, pero que en el fondo no son más que una sucesión, altamente permeables, de vivencias (siempre de un individuo determinado) dadas en determinadas circunstancias y expresadas bajo un lenguaje determinado. Las vivencias que fomentaron la idea aristotélica de verdad son justamente aquellas que minimizaban al hombre, en tanto que conforme el hombre cobró relevancia pasando a ocupar un espacio cada vez más amplio el pensamiento fue adaptándose a una realidad, la que imperaba, y la que necesitaba hablar de diferentes mundos y diferentes mundos según cada persona. Me gustaría recordar ahora un esquema que jamás ha salido a relucir en estas meditaciones, pero que sin embargo creo justificado: teocentrismo/antropocentrismo/heliocentrismo. Espero que ahora se entienda la calidad sincrética del esquema como forma de las vivencias de la sociedad humana. Hablar de teocentrismo es justamente hablar de todo cuanto quiero decir con teocentrismo, y en ello abrevio los conceptos más férreos de verdad, los conceptos que presuponen una autoridad y unos fundamentos rigurosos sobre los que asentar las bases científicas. En cambio, avanzar hacia el heliocentrismo será justamente avanzar hacia un nuevo teocentrismo con el Sol como Dios, y esto se entenderá de manera muy elocuente si pensamos en lo siguiente: el Bien en Platón, dios en Agustín de Hipona, la Ley Moral en Kant, la Voluntad de Poder en Nietzsche o el Ser en Heidegger? Qué tienen todas esas cosas en común?? El ser una especie de Dios en tanto que se entienden como un objeto que trasciende toda realidad cognoscente, que se impone en lo más alto, en un lugar inalcanzable, pero sólo accesible para unos pocos fieles. Entonces esto será Helios: un objeto que trasciende toda realidad cognoscente, una abstracción semejante a aquello que los filósofos han tratado siempre de decir cuando hablaban de sus propios dioses. Sin embargo, si antaño minimizar al hombre tenía como consecuencia la idea de que Verdad y Dios eran una misma cosa, conforme avance el heliocentrismo y con él la completa negación de Dios, es decir: la coronación de la Nada, la Nada y la Verdad serán una misma cosa. Para que se entienda puede hacerse el siguiente esquema análogo al anterior: Verdad/dicotomía verdad-mentira/Mentira. Personalmente apuesto a que ese será el lugar que ocuparemos en el mundo. Y la transición debe ponerse en marcha cuanto antes (estas palabras que invitan a acelerar el proceso son las mismas que evidencian que el proceso ya se ha puesto en marcha hace tiempo, razón por la cual puedo hablar de él).


He intentado ser lo más claro posible a la hora de exponer mi punto de vista (lo que mis ojos abarcan desde el lugar que ocupo), lo que en síntesis podría resumirse como un alegato de la postmodernidad. Efectivamente, reivindicamos un pensamiento que no nos es propio, no en el sentido legítimo, pues nuestras palabras quedan legitimadas desde el momento en que las pronunciamos, sino desde el sentido filantrófobo, o lo que es lo mismo: iniciamos estas meditaciones con la intención de abandonar toda influencia en la que, por las contingencias de nuestro nacimiento, nos veíamos sumidos; sin embargo, la meditación misma nace de nosotros y con ello es partícipe de un canal expresivo que por un lado se ve contaminado por el continuo uso al que el resto de hablantes lo someten y por el otro presenta notables distinciones según sea la persona con el conjunto de vivencias que la definen. Es imposible no sólo escapar de tales contingencias, sino siquiera minimizar su efecto, más aún, considero que restarlas importancia es un error, en la medida en que son las contingencias las que con mayor vigor definen un determinado objeto, la poesía siempre ha sido un mejor retrato de la realidad que la filosofía. Quizá, desde ese punto de vista, lo justo sería hacer poesía y con ello no pensar tanto en la necesidad de que la terminología se vea perfectamente acotada y especificada, sino al contrario, revertir la terminología y crear con ello nuevas formas de apreciar el mundo, esto es: abrirse a nuevos puntos de vista, aquellos que nos son ajenos y a los que, por no experimentarlos, solemos desdeñar. Realmente, la importancia de este planteamiento radica en el hecho de que un individuo no es tan sólo un individuo, sino también la imagen que se hace de todos aquellos individuos que lo circunscriben, y que, en efecto, lo definen: pues, el individuo no sería absolutamente nada si no estuviera acompañado por el resto de personas que, como él, se forman una imagen mental de la otra persona. Es una cuestión de riqueza interpretativa, no se trata tanto de pensar como de ejercitar las aptitudes interpretativas para pensar como otro, esto es: para poner en contraste el pensamiento propio con el del resto, pero no para rebatirlo, sino para tratar de sentirlo. Indudablemente, el legado que más perdura no es el legado de un solo hombre, sino el de muchos hombres del cual aquel otro hombre ha sido testimonio, ha sido voz. La valía de un escritor no consiste en verter sus palabras para que él y sólo él pueda comprenderlas, sino en revertir todas aquellas que ha escuchado, dejarse empapar por ellas, justo aquello que el pensamiento filantrófobo trataba de evitar: dejarse contaminar por la prosa de otros escritores. Porque, lo importante no es tanto la escritura como la lectura, e incluso la escritura puede ser entendida como el acto de leer a los otros, o lo que es lo mismo, el acto de leerse a sí mismo en los otros. De lo que se trata, aquí como en todo, es de sentirse identificado: de empatizar. Y eso es algo que los poetas hacen como nadie. Y cómo lo consiguen?? Evitando todo prejuicio, inclusive aquel prejuicio con el que partíamos, que era justamente el de evitar todo prejuicio. Quiero decir con esto, ambos caminos son útiles y depende de quién lo use le servirá mejor o peor, y con ello podrá decir que el camino es bueno o es malo, pero siempre partiendo de sí mismo y a tenor de que tales palabras sólo le sirven a sí mismo, útiles a la formación de un esquema mental que le facilite la labor de enfrentarse a la vida, esto es de vivir la vida. Bueno y malo son convicciones, palabras vacías por tanto, pero a las que individualmente podemos dar cabida si nos son útiles para identificar aquellos patrones que en el pasado nos han servido y que, por consiguiente, confiamos nos sirvan en el futuro. Con ello también verdad y mentira y todas aquellas palabras que se definen en dicotomía y cuya existencia ha trascendido el uso individual obstaculizando con ello el desarrollo del resto de individuos, puesto que al quedar impuestas tales palabras que deben quedar relegadas a un uso estrictamente individual estas han propiciado que se juzgue anticipadamente por el influjo de vivencias de terceros. Lo único que cabe decir es que tales vivencias pueden quedar recogidas no en el yo, sino en la imagen de aquel otro, es decir: como punto de vista. Y en eso consiste justamente, en tratar de acumular el mayor número de puntos de vista para ponerlos en comparación, siempre conscientes de que son puntos de vista ajenos a nosotros. Así como en un juicio se dice, el acusado queda absuelto por haber sido demostrado su amor a los animales, lo cual le exime del delito de atropellar, por una imprudencia, a un determinado animal; tal demostración se hace en base a su pertenencia a determinado pensamiento, pero tal pertenencia sólo demuestra lo que de suyo ya es: su pertenencia y absolutamente nada. Esto es, la persona pertenece a un pensamiento, se suscribe a él, pero ello ni siquiera demuestra que lo sienta, sino tan sólo que por alguna razón dice pensar de tal o cual manera, puesto que es imposible saber exactamente cómo piensa. Habrá entonces que sentir, que interpretar, que, como decía Poe, tratar de copiar en nuestro rostro las expresiones ajenas y permitir que los pensamientos nos inunden, pues los pensamientos no son más que un resultado de nuestras expresiones. Queda así dicho, de esta manera, que el pensamiento filantrófobo no ha incurrido en ningún defecto, puesto que es útil, siempre y cuando su utilidad radique en, justamente, recordar que incluso del mismo pensamiento filantrófobo debemos recelar. Así como ocurre en literatura: este libro es bueno por tales razones, pero tales razones no demuestran mayor bondad que otras, salvo en el caso de que haya unas reglas, pero estas reglas han sido impuestas por seres humanos. Todo ha sido impuesto por los seres humanos (salvo contadas excepciones como la matemática, pues incluso las tesis físicas no revelan el ser del mundo, como ya se dijo, sino que tan sólo logran describirlo para un determinado lenguaje con el cual es más sencillo dar respuesta a los problemas que él mismo ha puesto), pero ello no indica que debamos por tanto renegar, pues del mismo modo que es un prejuicio el aducir como razón la conveniencia de los valores para negar estos, es también un prejuicio para afirmarlos. Por lo que, indudablemente, sólo resta mantenerse en un completo estado de indiferencia, el principio de no intervención, pero justamente la imposibilidad de esto radica en que continuamente estamos discriminando: primero leeré tal libro y después tal otro, justamente porque hay un antes y un después, porque no puedo leer los dos a la vez y debo dar prioridad a uno. Y doy prioridad a uno en virtud de cierta información, información que sin duda es un prejuicio estúpido, pero que nos es útil, nos es útil justamente por lo que dije antes: estamos adueñándonos de un punto de vista, al cual daremos mayor o menor confianza según otros puntos de vista. Por tanto no se trata ni de delimitar de manera rigurosa lo que significa bueno y malo, verdadero y falso, como tampoco de eliminar por completo estas palabras del diccionario, pues incluso en ese supuesto esta tesis adolece del prejuicio de ser considerada más bien verdadera o más bien falsa. Se trata, en efecto, de reducirlo al ámbito individual, rescribir los patrones culturales para el hombre sumido en tal cultura y no para Dios. Pero nuevamente decir que esto no supone un tajante egoísmo, sino justamente lo contrario y será entonces cuando, quienes lo comprendan, puedan decir sin miedo a equivocarse que este radicalismo es el más genuinamente anti-radical de todos: a mí me interesa no ser egoísta, y por egoísmo no soy egoísta; esto es: mi egoísmo es un egoísmo racional, no un egoísmo solipsista, sino un egoísmo que niega el solipsista en virtud de su utilidad, un egoísmo pragmático. Y en la medida en que me es útil no ser egoísta no seré egoísta, pero siempre en virtud de mi egoísmo, dado que el egoísmo es algo inherente y comprender esto es vital para no ser egoísta. Tal es la paradoja, justamente porque si definimos al resto de individuos como egoístas no hablaremos de ellos con odio ni con amor (que en el fondo son una misma cosa), sino como lo que son: otros individuos que, sorprendentemente, son también egoístas. Y como son egoístas velarán por sus intereses, pero de idéntica forma a como nosotros velamos por nuestros intereses. Por lo que, egoístamente hablando, no cabe echarles nada en cara; es decir, no cabe decir que tal pensamiento es estúpido, porque quizá ese pensamiento ni siquiera sea sentido, y más probablemente sea una actitud política para salvaguardar los intereses egoístas. Porque, el pensamiento de terceros es ahora mi pensamiento, y lo es porque me es útil apropiarme de su pensamiento y usarlo: andar por el camino que ellos hicieron.


A continuación voy a pasar revista a todos aquellos errores que se han cometido, errores tanto en el sentido de no haberme extendido lo suficiente en determinada información, como el haber dado un uso demasiado laxo de una palabra. De lo que se trata no es de subsanarlos, pues no hay errores que enmendar, sino de ampliar la información:

Otra de los planteamientos, quizá el más desconocido, de los que traté es el que supone que todo cuanto existe es una única sustancia: el Absoluto, o lo que ellos (un reducido grupo de filósofos de escasa difusión) han denominado totum simul. No cabe confundir esta idea con las tesis panteístas. Está relacionado con una visión idealista objetiva de la realidad, según la cual lo único verdaderamente existente (nótese lo cómico de modificar acompañar el verbo con un adverbio de modo tan vacío, lo mismo es existir que existir verdaderamente) es un sujeto supra-individual absoluto. Nuevamente, reitero, que no hay que confundir tales posiciones con las doctrinas panteístas.

Uno de los errores más evidentes en los que he caído durante todas estas disertaciones ha sido el siguiente: 1º sugerí que los nombres eran propiedades de los objetos necesarias socialmente dado que el nombre ha quedado impuesto y arraigado en la sociedad. 2º dije que los centauros, es decir, todo cuanto podemos nombrar, existe de una manera u otra, esto es: es indiscutiblemente una entidad. Bien, demostraré que entre estas dos tesis no hay ninguna contradicción y que sí, en cambio, puedo defenderlas e, incluso, enunciarlas en una misma proposición. Para que se diese una contradicción sería necesario pensar que los centauros son, única y exclusivamente, un nombre desprovisto de referencia; sin embargo, la palabra tiene una referencia inequívoca: un animal mitológico mitad humano mitad caballo. La referencia no es exactamente la definición que acabo de dar, sino la definición que, siguiendo tal pauta, nos formamos en nuestra cabeza: pensamos en uno por ser un objeto individual e indeterminado, animal por situarlo en el conjunto categorial de los animales, esto es, por compartir sus propiedades o notas características, decimos de él que es mitológico porque a su vez sumamos a todo lo anterior el carecer de realidad física en nuestro mundo y por último decimos que tiene cierto parentesco, se parece, a una mezcla de humano y caballo. Con todo ello, y algunas cosas más, hemos creado en nuestro pensar un centauro. Ahora bien, si alguien sigue creyendo encontrar aquí una contradicción deberá argumentar que nuestro pensamiento no es un referente válido y, por consiguiente, expurgar del lenguaje todas aquellas oraciones que hacen referencia a la ideología, idiosincrasia etcétera. Como creo que nadie habrá tan temerario de negar tales realidades doy por hecho que no existe ninguna contradicción en lo dicho por mí, y más aún, que puede resumirse diciendo que: los objetos de nuestro pensamiento son aquellos que la única propiedad que tienen es la nominal (aunque guarden una misteriosa correspondencia, o sería más correcto decir parentesco, con el mundo).

Otro de los prejuicios, y diré, sin miedo, que es el más grave, ha sido el de partir de la idea preconcebida de que el primer lenguaje fue un lenguaje verbal y, más concretamente, abstracto cuando no poético. Pues bien, voy a citar en este punto a Wilson, en su obra La Mano, donde creo que demuestra de manera encomiable que el primer lenguaje elaborado por los seres humanos fue un lenguaje de signos, esto es, no un conjunto de gestos elaborados, sino un lenguaje gestual propiamente dicho donde la voz, de intervenir, lo hacía probablemente relegada a un plano inferior. Obviamente la mayoría de los gestos se apoyarían en la mano, pero no necesariamente todos, sino que en gran medida podrían recurrir al rostro, como actualmente hacemos para mostrar muchas expresiones (emoticonos), o a los ojos que, a efectos prácticos, sirven para señalar al igual que los dedos e, inclusive, de forma mucho más elocuente (una mirada de pavor señala un peligro mucho mejor que un simple dedo). Por tanto, el primer lenguaje habrá de ser también un lenguaje caracterizado por señalar y no por caracterizar o describir, y por consiguiente decimos, de una manera prosaica, que era un lenguaje poético y no tanto abstracto, dado que no analizaba, sino que mostraba la realidad.

Por último me gustaría citar unas palabras de Sellars, filósofo caracterizado por mantener una tesis psicológicamente nominalista y, por consiguiente, muy de mi agrado. Bien, particularmente me interesa mostrar cómo, según él, las apariencias (y son apariencias porque coincido con Wittgenstein en que no muestran el ser del mundo, sino que lo describen y más aún, lo hacen en un determinado lenguaje, el lenguaje de una determinada sociedad) que la explicación científica debe salvar son ellas mismas relativas al lenguaje: que el mundo te aparece tal como has sido acostumbrado a hablar. Y estas ideas encajan maravillosamente con aquel fabuloso librito de Kuhn sobre las revoluciones científicas donde demostraba algo que me parece indispensable tener constantemente en mente: la investigación científica normal va dirigida a la articulación de aquellos fenómenos y teorías que ya proporciona el paradigma, su paradigma no es más que una promesa de éxito, por lo que las revoluciones científicas no son otra cosa que la pérdida de confianza en un viejo paradigma que es sustituida por la confianza en un paradigma que promete hacer efectiva una demostración, no de los problemas del mundo, sino de los problemas que el propio paradigma considera relevantes.


Añado, como corolario, un par de citas:


Sirve de apertura al artículo sobre el lenguaje, el sexto del total:


Envío a alguien a comprar. Le doy una hoja que contiene los signos: ?cinco manzanas rojas?. Lleva la hoja al tendero, y éste abre el cajón que tiene el signo ?manzanas?; luego busca en una tabla la palabra ?rojo? y frente a ella encuentra una muestra de color; después dice la serie de los números cardinales [?] hasta la palabra ?cinco? y por cada numeral toma del cajón una manzana que tiene el color de la muestra. Así, y similarmente, se opera con palabras. Parágrafo 1 de las Investigaciones Filosóficas de Wiitgenstein.


-Mira, Sancho, por el mismo que denantes juraste te juro ?dijo don Quijote- que tienes el más corto entendimiento que tiene ni tuvo escudero en el mundo. ¿Qué es posible que en cuanto ha que andas conmigo no has echado de ver que todas las cosas de los caballeros andantes parecen quimeras, necedades y desatinos, y que son todas hechas al revés? Y no porque sea ello ansí, sino porque andan entre nosotros siempre una caterva de encantadores que todas nuestras cosas mudan y truecan, y las vuelven según su gusto y según tienen la gana de favorecernos o destruirnos; y, así, eso que a ti te parece bacía de barbero me parece a mí el yelmo de Mambrino y a otro le parecerá otra cosa. 1º Parte C. XXV. Sirve para iniciar la discusión sobre el perspectivismo y fueron las palabras que propiciaron aquel breve y exquisito texto de Ortega titulado Meditaciones del Quijote, que cito a continuación brevemente, aunque insisto merece la pena leerlo y espero que estas palabras sirvan para incitar a su lectura:


Este fresno es verde y está a mi derecha: el ser verde y el estar a mi derecha son cualidades que él posee, pero su posesión no significa lo mismo con respecto a la uno y a la otra. Cuando el sol caiga por detrás de estos cerros yo tomaré una de estas confusas sendas abiertas como surcos ideales en alta grama. Cortaré al paso unas menudas flores amarillas que aquí crecen lo mismo que en los cuadros primitivos, y moviendo mis pasos hacia el monasterio dejaré el bosque solitario, mientras allá en su fondo vierte el cuco sobre el paisaje su impertinencia vespertina. Entonces este fresno seguirá siendo verde, pero habrá quedado desposeído de la otra cualidad, no estará ya a mi derecha. Los colores son cualidades materiales; derecha e izquierda, cualidades relativas que solo poseen las cosas en relación unas con otras. Pues bien, las cosas trabadas en una relación forman una estructura.


Por último, acerca de las descripciones, cito estas palabras de Carnap de su obra La Construcción Lógica del Mundo, obra instructiva filosóficamente hablando donde las haya (si el objetivo de la lógica es el de describir el mundo, Carnap ofrece una estructura sistematizada del mundo: su estructura lógica):


Una proposición científica sólo tiene sentido si se puede indicar la referencia del nombre del objeto dado. Hay dos maneras posibles de hacer esto. La primera consiste en un mero ?señalar?. El objeto que se indica se hace perceptible al señalarlo por medio de una expresión apropiada, p. ej. ?ése es el Feldberg?. La segunda consiste en una descripción unívoca, que llamamos ?caracterización?. La caracterización no enumera todas las propiedades del objeto, con lo cual reemplazaría a la percepción concreta sino que apela precisamente a la intuición. Dicha caracterización no indica siquiera las propiedades esenciales, sino solamente tantas propiedades características como hagan posible el conocimiento unívoco del objeto referido del dominio de objetos de que se habla. P. ej. el nombre ?Felderg? se usa para designar la montaña más alta de la Selva Negra.



Ahora, por último, creo que sólo nos queda empezar a hacer filosofía (de verdad), si es que esto es posible.

Categories: Antifilantrofobia

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